El Presidente abrió el año legislativo con un mensaje de confrontación, reivindicó su gestión y buscó relanzar la agenda de reformas del Gobierno.
El presidente Javier Milei inauguró este domingo 1 de marzo el período de sesiones ordinarias del Congreso con un mensaje atravesado por definiciones políticas, cuestionamientos a la oposición y una puesta en escena diseñada para reforzar la centralidad de la Casa Rosada en el arranque del año legislativo. El oficialismo intentó mostrar el inicio de una nueva etapa de gestión, apoyada en el impulso conseguido durante las últimas semanas.
La ceremonia fue convocada oficialmente para las 21, en horario central. La elección del prime time no fue un detalle secundario: el Gobierno volvió a apostar por un formato de alto impacto televisivo para amplificar el alcance político del discurso presidencial y convertir la apertura parlamentaria en un hecho de fuerte repercusión pública.
Desde los primeros tramos de la exposición, Milei endureció el tono contra el kirchnerismo y los bloques opositores presentes en el recinto. La intervención estuvo marcada por chicanas, descalificaciones y una retórica de confrontación que dejó en claro que la estrategia oficial no pasará por la moderación, sino por profundizar el contraste con sus adversarios políticos. La escena confirmó que el Gobierno pretende sostener la polarización como uno de sus principales recursos narrativos.
Al mismo tiempo, el Presidente buscó darle al mensaje una dimensión programática. La Casa Rosada preparó un discurso con eje en el balance de gestión, las proyecciones económicas y una nueva etapa de reformas para 2026. La apertura de sesiones fue presentada como el punto de partida de una fase de mayor ambición política, en la que el oficialismo intentará capitalizar el envión de sus recientes avances legislativos.
Con ese encuadre, el Gobierno procuró transformar la apertura del calendario parlamentario en una demostración de iniciativa y fortaleza. El desafío, sin embargo, comenzará después del discurso: convertir esa ofensiva retórica en acuerdos concretos dentro de un Congreso donde el oficialismo todavía depende de apoyos variables para avanzar con su programa. El tono ya quedó fijado; la incógnita pasa ahora por la capacidad real de traducir esa centralidad política en resultados legislativos.