Berlín: nuevas proyecciones revelan que el país perderá población y que el peso de las personas mayores crecerá con más fuerza de lo anticipado.
Alemania se encuentra en medio de un cambio demográfico que viene más rápido de lo que se estimaba. Los datos más recientes muestran una ligera baja de la población y un aumento sostenido de las personas mayores, mientras la cifra de nacimientos queda por debajo de la de defunciones y el reemplazo de la fuerza laboral se vuelve más complejo.
Según la última actualización de las estadísticas oficiales, al cierre de 2025 el total de habitantes de Alemania se ubicó en torno a 83,5 millones, unos 100 mil menos que el año anterior. El número de defunciones rondó el millón, mientras que los nacimientos cayeron de 677 mil en 2024 a cerca de 650 mil en 2025, un intervalo que marca el desfase entre bajas y altas.
La fecundidad general sigue por debajo del umbral de reemplazo: cada mujer tiene, en promedio, alrededor de 1,35 hijos. Esa cifra se aleja claramente de las 2,1 unidades necesarias para mantener la población estable sin recurrir a la migración, lo que hace que el saldo natural sea negativo año tras año, incluso con movimientos migratorios de entrada relativamente altos.
Las proyecciones extendidas hasta 2070 anticipan una disminución de la población que podría llegar al orden de alrededor de una décima parte del total actual, según distintos escenarios. En el caso más optimista, con una migración constante y elevada, el país se estabilizaría en un nivel cercano a los 84 millones antes de comenzar a descender de nuevo; en el escenario de baja migración, la cifra podría acercarse a los 75 millones hacia finales de siglo.
Más allá de la cifra total, el cambio de forma de la pirámide de población es el que más preocupa. La población en edad laboral ya registra una tendencia a la baja y se estima que, en 2050, la proporción de personas mayores de 80 años aumentará de poco más de seis millones a unos nueve millones. Esto implicaría que un grupo cuya necesidad de cuidados y atención médica es alta se expandirá en volumen y presionará con más fuerza sobre el sistema de salud y los servicios de asistencia a la vejez.
En el presente, hay cerca de 33 personas en edad de jubilación por cada 100 en edad laboral, un indicio de la presión sobre el sistema de pensiones. La masa de adultos mayores que se retira coincide con el llamado grupo de los “baby boomers”, que nacieron en la década de 1960 y ahora completan el tránsito de la vida laboral a la jubilación.
La combinación de baja natalidad, mayor longevidad y salida de la fuerza laboral hace que el sistema de pensiones enfrente una presión creciente. Al mismo tiempo, la economía debe absorber una menor cantidad de trabajadores disponibles, lo que se traduce en riesgo de escasez de mano de obra en sectores clave, necesidad de aumentar la productividad y posibles retrasos en la digitalización y la modernización empresarial.
El sistema de salud y el cuidado a largo plazo también se ven afectados. Se estima que cerca del 40% de las personas mayores de 80 años requiere algún tipo de atención especializada, y la plantilla actual de trabajadores dedicados a cuidados ambulatorios para adultos mayores ronda las 280 mil personas. Los cálculos indican que, para 2049, se necesitarían aproximadamente 690 mil empleados en ese rubro para responder a la demanda esperada, lo que implica duplicar la fuerza laboral o introducir cambios profundos en la organización de los servicios.
Alemania, en paralelo, viene impulsando reformas para extender la vida laboral, fomentar la participación femenina en la fuerza de trabajo y facilitar la llegada de personal calificado desde el exterior, pero todos estos ajustes tardan en producir efecto. La propia Oficina Federal de Estadística sostiene que la baja tasa de natalidad y el sistema social, pensado en una Alemania con más jóvenes, se están combinando para generar un desfase entre el diseño institucional y la realidad demográfica.
La discusión política y empresarial gira ahora en torno a tres ejes: cómo sostener el sistema de pensiones sin recortes brutales, cómo asegurar suficientes cuidadores y personal sanitario, y cómo mantener la competitividad económica aun con una población activa más pequeña y más envejecida. El consenso es que el envejecimiento no es un problema de futuro, sino algo que ya se vive en el día a día de hospitales, empresas y municipios.