Trump sorprendió al rechazar a María Corina Machado como opción de liderazgo en la crisis venezolana y planteó que EE. UU. negociará con Delcy Rodríguez para una transición política.
En una jornada que marcó un giro drástico en la crisis política de Venezuela, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, descartó de manera categórica a la líder opositora María Corina Machado como figura para conducir la transición tras la captura de Nicolás Maduro, y señaló que su gobierno comenzará un proceso de negociación con la vicepresidenta Delcy Rodríguez para avanzar hacia una nueva etapa institucional en el país caribeño.
El anuncio se produjo durante una conferencia de prensa en la residencia presidencial de Mar-a-Lago, horas después del operativo militar que terminó con la detención de Maduro y su traslado a territorio norteamericano. En ese contexto, Trump calificó la acción como un “éxito estratégico” y anticipó que la Casa Blanca mantendrá el control de la situación “hasta garantizar una transición segura y ordenada”.
Consultado por el papel de Machado, quien venía posicionándose como la principal dirigente opositora y fue recientemente galardonada con el Premio Nobel de la Paz, Trump respondió sin rodeos: “Yo creo que sería muy difícil para ella liderar. Ella no tiene el apoyo o el respeto dentro del país. Es una mujer muy agradable, pero no tiene el respeto”.
La afirmación cayó como un balde de agua fría dentro de la oposición venezolana, que había interpretado la captura de Maduro como la antesala del ascenso de Machado o de su aliado Edmundo González Urrutia, reconocido internacionalmente como ganador de las elecciones del 28 de julio de 2024. El propio Trump cerró cualquier posibilidad de ese escenario al remarcar que “nadie va a tomar el poder en Caracas” y que Estados Unidos seguirá “gobernando el país” hasta estabilizarlo.
Horas antes, Machado había difundido un comunicado donde aseguraba que su movimiento estaba “Preparado para hacer valer nuestro mandato y tomar el poder”, y convocó a los venezolanos a mantenerse firmes en las “horas decisivas” que siguieron a la captura de Maduro. La respuesta del presidente estadounidense no solo la excluyó de las negociaciones, sino que también alteró el equilibrio interno en la coalición opositora, que ve desvanecerse su papel en la transición.
En contraste con el rechazo a Machado, Trump destacó que la Casa Blanca había iniciado contactos directos con Delcy Rodríguez, quien ocupa la vicepresidencia de Venezuela y que, según la línea sucesoria constitucional, asumiría interinamente la conducción del Ejecutivo tras la detención de Maduro.
El mandatario norteamericano afirmó que Rodríguez mantuvo una “larga conversación” con el secretario de Estado Marco Rubio, y que se mostró dispuesta a cooperar con Washington para “Hacer que Venezuela vuelva a ser grande”. En tono pragmático, Trump señaló que Rodríguez “no tiene otra opción” y que los Estados Unidos “lo harán bien” para asegurar que el chavismo no vuelva a tener el control total del poder.
Delcy Rodríguez, sin embargo, envió mensajes contradictorios. En las primeras horas posteriores a la captura de Maduro, exigió una “prueba de vida” del mandatario y defendió la soberanía nacional frente a la intervención extranjera. Más tarde, llamó al pueblo venezolano a movilizarse “contra la agresión armada de Estados Unidos” y aseguró que el gobierno está “listo para defender los recursos naturales” y la integridad territorial.
En esa declaración pública estuvo acompañada por toda la cúpula chavista: el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez; la presidenta de la Corte Suprema, Caryslia Rodríguez; el fiscal general Tarek William Saab; el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López; el canciller Yván Gil; y Diosdado Cabello, ministro del Interior. Esa imagen reforzó la idea de que Rodríguez sigue representando la continuidad del chavismo, aun cuando Washington intenta utilizarla como figura de transición.
El anuncio de Trump generó desconcierto tanto dentro como fuera de Venezuela. Analistas políticos en Caracas interpretaron el respaldo a Rodríguez como una jugada de alto riesgo: por un lado, busca asegurar una salida controlada al conflicto; por otro, legitima a una figura que fue parte central del régimen de Maduro y responsable de buena parte de sus políticas autoritarias.
Dentro del chavismo, la situación también es incierta. Sectores cercanos a Cabello y a Padrino López podrían intentar disputar el liderazgo con Rodríguez si se confirma que Estados Unidos impulsa su figura para encabezar el proceso. Las Fuerzas Armadas, en tanto, se mantienen en estado de alerta y bajo supervisión de comandos estadounidenses que controlan zonas estratégicas de Caracas y del estado de Miranda.
En la región, la reacción fue inmediata. Países aliados de la oposición, como Colombia, Paraguay y Argentina, celebraron la captura de Maduro pero expresaron reservas ante el posible protagonismo de Rodríguez en la nueva etapa. En cambio, gobiernos como los de México, Bolivia y Cuba condenaron la operación militar estadounidense y denunciaron una “violación a la soberanía venezolana”.
Rusia, por su parte, exigió la “liberación inmediata” de Maduro y advirtió que considerará ilegítimo cualquier acuerdo de transición que no sea negociado directamente con el chavismo. China, aunque más cauta, reclamó “respeto al derecho internacional” y pidió una salida pacífica.
El giro de Trump hacia una negociación directa con una figura del chavismo refleja un cambio profundo en la estrategia de Washington. Tras años de sanciones económicas, aislamiento diplomático y apoyo explícito a la oposición, el presidente norteamericano parece optar por un enfoque más pragmático: consolidar la estabilidad a través de un interlocutor del propio régimen que garantice orden interno y cooperación económica.
Ese cambio de rumbo también expone tensiones dentro de la administración estadounidense. Mientras el secretario de Estado, Marco Rubio, sostiene una línea dura de erradicación del chavismo, el propio Trump impulsa una salida “con control”, priorizando los intereses energéticos y la seguridad regional sobre la purificación política de Venezuela.
En lo inmediato, Estados Unidos continuará al mando de las fuerzas de control en Caracas, mientras se define la arquitectura del gobierno de transición. El futuro político de Venezuela dependerá de cómo evolucione esa compleja ecuación entre una oposición desplazada, un chavismo que busca sobrevivir y una potencia extranjera que, de hecho, pasó a administrar el poder en Miraflores.
F: Reuters, AP, AFP, La Tercera