La falta de financiamiento productivo empuja a pequeñas empresas a endeudarse como individuos, con costos que superan ampliamente la rentabilidad. El fenómeno ya impacta en actividad, empleo y mora.
En un contexto de actividad económica debilitada, cada vez más pymes en Argentina enfrentan un problema estructural: la falta de acceso a crédito productivo accesible. Ante este escenario, muchas terminan recurriendo a préstamos personales para sostener su operatoria diaria, una práctica que especialistas advierten como riesgosa por sus altos costos.
La distorsión es clara. El crédito personal está diseñado para consumo y no para financiar producción, pero en la práctica se convirtió en una vía de financiamiento para cubrir proveedores, salarios o capital de trabajo. “La pyme no está accediendo a crédito productivo: está sobreviviendo con deuda personal”, coinciden analistas del sector financiero.
Los números reflejan esa brecha. Mientras algunas líneas específicas para empresas muestran tasas más moderadas, los préstamos personales exhiben tasas nominales que superan el 75%, 100% y hasta el 130% anual, con costos financieros totales que pueden acercarse o incluso superar el 200%. A esos niveles, el crédito deja de ser una herramienta y pasa a ser un factor de deterioro financiero.
En paralelo, el acceso al financiamiento sigue siendo limitado. Requisitos formales, falta de garantías y cupos restringidos dejan afuera a una porción importante del entramado pyme. Muchas empresas directamente no califican o no logran obtener crédito en los tiempos que necesitan, lo que las empuja hacia alternativas más caras.
El impacto ya comienza a reflejarse en la economía real. La morosidad en el sistema financiero muestra una tendencia creciente, tanto en empresas como en personas, lo que enciende señales de alerta sobre la capacidad de repago en un contexto de tasas elevadas y demanda débil.
En provincias como Chubut, el problema adquiere mayor dimensión. Los mayores costos logísticos, energéticos y operativos profundizan el efecto del crédito caro, especialmente en sectores como comercio, transporte, pesca y servicios. En ciudades como Trelew, Puerto Madryn o Comodoro Rivadavia, el financiamiento a tasas elevadas se combina con caída del consumo y aumento de costos, generando un escenario complejo para la sostenibilidad de las empresas.
Desde el sector empresario advierten que, sin una mejora en las condiciones de acceso al crédito productivo, la utilización de préstamos personales para sostener actividades económicas seguirá creciendo, con el riesgo de agravar la situación financiera de las pymes.
En este escenario, el debate ya no pasa únicamente por la disponibilidad de crédito, sino por su calidad. Cuando el financiamiento es inaccesible o excesivamente caro, deja de impulsar la economía y comienza a condicionarla.