El oficialismo quiso acelerar para que la Argentina fuera la primera en convalidarlo, pero Uruguay se adelantó; La Casa Rosada ya puso en vigencia la ley.
Con fuerte respaldo político, el Senado sancionó este jueves la ley que aprueba el acuerdo de asociación entre la Unión Europea y el Mercosur, un paso clave para encaminar la implementación del entendimiento sellado entre ambos bloques. En una sesión atravesada por el apuro oficial y las discusiones sobre el impacto económico del tratado, la Cámara alta terminó por darle luz verde al proyecto y dejó al país a las puertas de una nueva etapa en su estrategia de inserción internacional.
El debate tuvo un condimento extra: el oficialismo intentó acortar los tiempos para que la Argentina se convirtiera en el primer país de la región en ratificarlo, con el argumento de enviar una señal de previsibilidad hacia afuera y capitalizar la oportunidad política del momento. Pero Uruguay se adelantó y lo votó antes, lo que le quitó al Gobierno el objetivo simbólico de encabezar la carrera dentro del Mercosur. Aun así, la administración nacional buscó mostrar velocidad y decisión: el Gobierno ya promulgó la ley pocas horas después de la sanción en el Senado.
La aprobación abre un capítulo nuevo para la relación comercial con Europa, con promesas de mayor acceso a mercados, reglas comunes y una reducción gradual de barreras para bienes y servicios. En el oficialismo sostienen que el acuerdo puede traducirse en más exportaciones y en un marco más claro para atraer inversiones, mientras que sectores críticos advierten sobre el riesgo de una apertura despareja y la necesidad de contar con herramientas de transición para la industria y el empleo. En el Congreso, ese contrapunto apareció una y otra vez: respaldo a la idea de integrarse, pero también pedidos de resguardos y plazos realistas para evitar un shock sobre los sectores más sensibles.
Con la ley ya promulgada, el foco pasa ahora a los próximos movimientos del bloque y de la Unión Europea, donde el acuerdo debe atravesar procedimientos propios y definiciones políticas para su puesta en marcha. En el corto plazo, el escenario se ordena alrededor de dos preguntas: cuándo se sumarán los demás socios del Mercosur a la ratificación y qué modalidad adoptará Europa para avanzar, sea mediante una aplicación inicial parcial o un cronograma completo. Mientras tanto, el Gobierno apuesta a presentar el resultado como un hito de apertura y a instalar que, tras años de idas y vueltas, el pacto entra en una fase decisiva.