El gobierno francés calificó de “violación al derecho internacional” las acusaciones de Charles Kushner, padre de Jared, que criticó la política de Macron contra el antisemitismo y Palestina.
Una crisis diplomática de alto voltaje estalló entre Francia y Estados Unidos luego de que Charles Kushner, embajador norteamericano en París, acusara al presidente Emmanuel Macron de no combatir con firmeza el antisemitismo. En una carta obtenida por AFP y difundida el domingo por la noche, el diplomático aseguró que “las declaraciones que difaman a Israel y los gestos que reconocen un Estado Palestino incitan a los extremistas, fomentan la violencia y ponen en peligro el judaísmo en Francia”.
Kushner, que no pertenece a la carrera diplomática y es padre de Jared, el marido de Ivanka Trump, también criticó duramente el plan de Francia de reconocer a Palestina en la próxima Asamblea General de Naciones Unidas.
El Palacio del Elíseo reaccionó con dureza. Un comunicado del Quai d'Orsay, difundido a última hora del domingo, subrayó que “Francia rechaza rotundamente estas últimas acusaciones” y recordó que “las autoridades francesas están plenamente comprometidas en la lucha contra los actos antisemitas, dada su intolerabilidad”.
El texto oficial enfatizó que “las acusaciones del embajador son inaceptables. Violan el derecho internacional, en particular el deber de no interferir en los asuntos internos de los Estados, tal como lo establece la Convención de Viena de 1961”. Además, señalaron que la postura del diplomático “no refleja la calidad de la relación transatlántica entre Francia y Estados Unidos ni la confianza que debería primar entre aliados”.
Charles Kushner fue convocado para este lunes 25 de agosto en la sede de la cancillería francesa.
El contenido de la carta del embajador norteamericano coincide con los recientes señalamientos de Benjamin Netanyahu, que acusó a Emmanuel Macron de alimentar el antisemitismo por impulsar el reconocimiento de un Estado Palestino. El primer ministro israelí había dicho que Francia debía “reemplazar la debilidad por la acción, el apaciguamiento por la determinación” en la lucha contra el antisemitismo.
Macron, por su parte, mantuvo un cruce verbal con Netanyahu la semana pasada y defendió la decisión de que Francia vote a favor del reconocimiento palestino en la ONU. La Asamblea General se celebrará en septiembre y concluirá el día 23, en plena celebración del Año Nuevo Judío, una fecha que Israel considera especialmente sensible.
En su carta, Kushner fue más allá de la cuestión diplomática. Aseguró que “no pasa un día en Francia sin que judíos sean atacados en las calles, sinagogas y escuelas vandalizadas, y negocios de propiedad judía vandalizados”. También acusó al sistema educativo de fallar: “Casi la mitad de los jóvenes franceses afirman no haber oído hablar nunca del Holocausto. La persistencia de tal ignorancia nos obliga, por lo tanto, a cuestionar el currículum de las escuelas francesas”.
El embajador, además, elogió a Donald Trump por “combatir el antisemitismo, siempre que nuestros líderes tengan la voluntad de actuar”, y llamó al presidente francés a “actuar con determinación”.
Los ataques antisemitas en Francia se incrementaron tras los atentados del 7 de octubre de 2023 y la guerra en Gaza. El país, que alberga la comunidad judía más grande de Europa Occidental —con alrededor de medio millón de personas—, también cuenta con más de 5 millones de ciudadanos árabes-musulmanes. Este delicado equilibrio social está en el centro de las tensiones políticas y diplomáticas.
El Ministerio del Interior francés ya había advertido sobre un repunte de episodios de violencia y vandalismo antisemita en los últimos meses. El gobierno de Macron insiste en que se intensificaron las medidas de seguridad en sinagogas, escuelas y barrios con fuerte presencia judía.
La reacción francesa apunta a contener no solo el embate diplomático, sino también el daño en la relación con Estados Unidos. El hecho de que el representante norteamericano en París sea Charles Kushner, empresario y figura cercana a Donald Trump, agrega un condimento político que inquieta en el Elíseo.
En la nota oficial, París remarcó que las acusaciones del embajador “no reflejan la relación de confianza que debería existir entre aliados”. La convocatoria al Quai d'Orsay busca, según fuentes diplomáticas, transmitir un mensaje claro a Washington: las diferencias sobre la cuestión palestina no habilitan a un representante extranjero a interferir en asuntos internos franceses.
La crisis abre un nuevo frente en el tablero internacional, en momentos donde Francia intenta mantener su influencia en Medio Oriente y, al mismo tiempo, garantizar la cohesión interna frente al crecimiento de los discursos de odio.