El mandatario venezolano aseguró que millones respondieron al llamado a la Milicia Bolivariana mientras crece la tensión con Washington por el despliegue naval en el Caribe.
Nicolás Maduro presentó como un “éxito total” el inicio de las jornadas de alistamiento para la Milicia Bolivariana. Durante un acto en la Asamblea Nacional, el presidente afirmó que se trató de “una expresión gigantesca de nacionalismo, patriotismo y amor por Venezuela”.
El llamado oficial busca reforzar la defensa interna frente al envío de tres destructores estadounidenses hacia aguas del Caribe. Maduro advirtió que se trata de un intento de “zarpazo terrorista, militar, inmoral, criminal e ilegal” para imponer un cambio de régimen en Caracas. “Quien no defiende su patria, no puede defenderse a sí mismo”, sostuvo el mandatario durante el evento transmitido por la televisión estatal.
El movimiento militar de Washington incluye el arribo del USS Gravely, el USS Jason Dunham y el USS Sampson, acompañados por alrededor de 4.000 marines. Según la administración norteamericana, la misión está vinculada a operaciones contra el narcotráfico.
Desde Caracas, en cambio, se percibe como una provocación directa. El propio Maduro llamó a la unidad nacional: “Es tiempo de valentía de juntar el esfuerzo, de reunir la voluntad nacional, de poner a un lado diferencias menores. Venezuela debe hablar con una sola voz”.
El ministro de Defensa, Vladimiro Padrino, respaldó la jornada de alistamiento y la definió como una acción “eminentemente popular y voluntaria”. La vicepresidenta Delcy Rodríguez, que supervisó las inscripciones, calificó el despliegue estadounidense como un “show patético” y advirtió que el país está preparado para resistir.
El chavismo asegura que 4,5 millones de personas ya forman parte de la Milicia Bolivariana, estructura creada por Hugo Chávez en 2009 para sumar voluntarios al esquema de defensa nacional. Estos efectivos se integran a los cerca de 200.000 miembros de las fuerzas armadas regulares.
Analistas externos, sin embargo, cuestionan la viabilidad logística de movilizar semejante número en un país golpeado por la crisis económica. Especialistas apuntan que la capacidad real de acción de esas milicias está más asociada al control interno y a la propaganda política que a una fuerza militar efectiva.
La tensión bilateral escaló también en el plano judicial. A principios de agosto, Washington duplicó a 50 millones de dólares la recompensa por la captura de Maduro, acusado por narcoterrorismo. Además, congeló bienes por 700 millones de dólares vinculados al régimen.
La respuesta del gobierno venezolano incluyó medidas como la prohibición temporal del uso de drones en su espacio aéreo y la búsqueda de apoyo en la Alianza Bolivariana de las Américas (ALBA). Desde esa organización, países aliados condenaron el despliegue naval estadounidense al considerar que representa una amenaza a la paz regional.
La líder opositora María Corina Machado cuestionó la movilización de milicianos y sostuvo que “muy pocos militares de alto rango están apoyando a Maduro”. En declaraciones a medios internacionales, aseguró que Venezuela se convirtió en “una cueva de criminales” y que el respaldo de Estados Unidos es clave para iniciar una transición democrática.
En el plano regional, Trinidad y Tobago fue el primer gobierno caribeño en pronunciarse. Su primera ministra, Kamla Persad-Bissessar, advirtió que respaldará el despliegue de activos militares estadounidenses en caso de que Caracas intente invadir territorio guyanés.
La tensión en el Caribe crece a medida que los destructores estadounidenses se aproximan a la zona. Mientras el chavismo intenta mostrar músculo político con las jornadas de alistamiento, el movimiento naval de Washington envía un mensaje de presión directa.
El choque coloca a Venezuela en el centro de la disputa geopolítica regional, con un escenario en el que la movilización popular se mezcla con acusaciones de narcotráfico y amenazas cruzadas de escalada militar.