Cinco mil personas visitaron el Museo Histórico Nacional para ver el sable de San Martín antes de su traslado al Regimiento de Granaderos a Caballo en Palermo.
El Museo Histórico Nacional (MHN), en San Telmo, tuvo el jueves una jornada fuera de lo común: alrededor de cinco mil personas ingresaron para observar el sable corvo del general José de San Martín, una pieza central del patrimonio histórico argentino y una de las más consultadas por el público. La circulación fue constante durante el día y obligó a ordenar los tiempos de visita en la sala donde se encuentra la vitrina, con recorridos que, en muchos casos, se concentraron en “ver el sable” y seguir camino. La escena se repitió con grupos de amigos, estudiantes y visitantes que llegaron especialmente por el anuncio del traslado.
En el museo señalaron que el fenómeno tuvo un rasgo marcado: se vio una presencia fuerte de público joven, que se acercó con preguntas puntuales sobre la historia del arma y su trayectoria institucional. Hubo quienes llegaron por primera vez al MHN y otros que volvieron para “despedirse”, en una reacción típica cuando se comunica que una pieza dejará de estar disponible en el lugar donde se la asocia desde hace años. La convocatoria se potenció por la difusión previa de que eran días finales para verla en San Telmo, lo que empujó a muchos a adelantar la visita.
El trasfondo es la decisión del Gobierno nacional de disponer el traslado del sable al Regimiento de Granaderos a Caballo “General San Martín”, en Palermo. La medida quedó formalizada en el Decreto 81/2026, publicado en el Boletín Oficial, y establece que el arma pasa a quedar bajo guarda y custodia del Regimiento en su sede principal. Con ese esquema, el sable deja de integrar el recorrido estable del MHN y queda sujeto al régimen de conservación, seguridad y acceso que determine el cuerpo militar en el cuartel.
El sable corvo llegó al Estado por una donación histórica: fue entregado en 1897 al museo por Máximo Terrero y su esposa, Manuelita Rosas. Con el paso del tiempo, la ubicación del arma atravesó distintos momentos y discusiones, hasta que en 2015 se dispuso su restitución al MHN por un decreto firmado durante la gestión de Cristina Fernández de Kirchner. Desde entonces, el sable quedó nuevamente expuesto en el museo y recuperó centralidad dentro del circuito de visitas, algo que explica en parte la reacción del público cuando se anunció el cambio de sede.
En las horas previas a la mudanza, el tema pasó a ser cómo seguirá la exhibición. Desde el entorno de Granaderos se indicó que la posibilidad de visita continuará, aunque en un formato propio de una unidad militar: horarios, controles, cupos y condiciones que no son iguales a los de un museo abierto con dinámica cotidiana. Por eso, la jornada del jueves en el MHN se leyó como un cierre de etapa para muchos visitantes: una despedida masiva, con un museo colmado y una pieza que, por su peso simbólico, sigue generando adhesión y controversia cada vez que cambia de lugar.